INIA Rayentué realiza día de campo en control de cáncer bacteriano en huertos de cerezos

INIA Rayentué realiza día de campo en control de cáncer bacteriano en huertos de cerezos

En esta actividad, enmarcada en el proyecto “Transferencia control cáncer bacteriano en huertos de cerezos”,  que ejecuta el mencionado Centro Regional, con el financiamiento del Fondo de Innovación para la  Competitividad FIC-R 2016 y el gobierno Regional de O’Higgins, el foco estuvo puesto en dar a conocer los resultados preliminares que se han obtenido en los ensayos de investigación realizados durante este año, dando una idea inicial de la severidad con la que está actuando esta enfermedad en la Región y como optimizar las aplicaciones y/o métodos de control en sus campos.

Según indicó el especialista en fruticultura, de INIA  Rayentué y coordinador del proyecto, Gamalier Lemus, los objetivos de la iniciativa “Control cáncer bacteriano en huertos de cerezos”, son principalmente identificar los microorganismos causantes del cáncer bacteriano; evaluar los distintos métodos de control químico y biológico, y poder establecer un mapa de incidencia de los efectos de la enfermedad en la Región de O’Higgins, con trabajos de evaluación, que se extenderán por dos temporadas (2017/18-2018/19) en las que además  se probará la efectividad de los productos químicos que existen hoy en el mercado.

En su presentación, el fitopatólogo Andrés France, de INIA Quilamapu, explicó a los asistentes los síntomas visibles que presentan las plantas con cáncer bacteriano.  Por lo general,  cuando hay presencia de cáncer bacteriano hay presencia de goma, aunque ésta no siempre es atribuible a la enfermedad, explicando que cuando una planta está afectada con cáncer bacteriano, la corteza toma una coloración opaca, pues la bacteria sistémica avanza por debajo de la corteza lo cual es una característica que la diferencia de otras enfermedades.

Asimismo, el especialista destacó que la bacteria también puede atacar las hojas, produciendo un aro clorótico, y posterior desprendimiento del tejido que está tratando de colonizar la bacteria, dejando las hojas con perforaciones. Mencionando además,  que el máximo peak de crecimiento en las poblaciones de Pseudomonas (bacterias) ocurre dos a tres semanas después de la brotación, y comienza a decrecer en verano  a causa de la  radiación solar y altas temperaturas.

El especialista señaló también que los principales causantes de la diseminación son las plantas infectadas desde el vivero, material de poda infectado e incorporado al suelo, y las condiciones climáticas favorables.

En tanto, la investigadora Paz Millas, de INIA Quilamapu, expresó que la proliferación de la enfermedad va a estar determinada, por las condiciones ambientales, las fuentes de inóculos, y la aplicación de agroquímicos. Las poblaciones de Pseudomonas syringae son mayores y más fáciles de aislar durante la entrada a primavera, es por ello, que en las muestras  tomadas en los meses de mayo, junio y julio no hubo presencia de bacterias activas, a diferencia de los meses de septiembre y octubre donde sí se logró aislar el patógeno.

En terreno, la profesional de INIA Rayentué, Valeria Osorio, encargada del seguimiento predial del proyecto, indicó que para cumplir con el objetivo de tener un mapa de incidencia de la enfermedad en la región de O’Higgins, se hacen dos evaluaciones visuales por temporada a los cuarteles de cerezos, donde se aplica una escala para asignar el grado de severidad que presentan las plantas.

Como una forma de control el fitopatólogo Andrés France,  destacó que es importante realizar dos tipos de poda: siendo la primera en invierno para regular carga, conducción, etc. Y en verano una poda sanitaria, para eliminar ramas y ramillas con síntomas notorios de la enfermedad. Resaltando que es muy importante que estos restos de poda, sean retirados del huerto, con el fin de que no se conviertan en una fuente de inóculo.