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Un niño llamado Bernardo

Autor: Antonio Yakcich Furche (presidente Instituto O’Higuiniano)

Un frio día jueves 20 de agosto del invierno de 1778, nacía un niño que venía al mundo en especiales circunstancias, casi en secreto, por cuanto sus padres no querían que se supiera su nacimiento.

 Instituto O’Higginiano de Rancagua

Instituto O’Higginiano
de Rancagua

Su madre Isabel, era una hermosa jovencita que pertenecía a una notable familia chillaneja y su padre Ambrosio, era un irlandés que servía al Reino de España en Chile. Se le escogió por nombre Bernardo, ya que nació el día en que se celebra dicho Santo.

La relación del pequeño niño con sus padres sería muy compleja y llena de tristeza y ausencia. Ambos, presionados por el entorno social de la época, lo mantendrían alejado durante años.

Recién nacido, por orden de su abuelo materno Simón, fue alejado de los brazos de su madre, para ser entregado al cuidado de una amiga de la familia, doña Josefa Olate, quien tenía una hacienda en Quilme, localidad cercana a Chillán.

Allí pasaría Bernardo sus cuatro primeros años de vida, jugando con Juan Antonio, hijo de Josefa, sin saber que ambos se enfrentarían años después en combate, en bandos contrarios durante la Guerra de Independencia.

No se sabe si su madre lo visitaba seguido durante dicha época, pero de cualquier forma, es un hecho que no estuvo a su lado día a día, como tanto necesita cualquier isabel riquelmeniño de esa edad.

Cuando Bernardo tenía 4 años, su padre, temeroso de no poder continuar su vida política al servicio de España, dispuso a principios de 1783 que fuera llevado a la ciudad de Talca.

El responsable de recibirlo fue un comerciante de origen portugués amigo de Ambrosio, don Juan Albano Pereira, quien llevaría adelante el encargo con esmerado empeño, apoyado por su esposa doña Bartolina de la Cruz.

Dicha época, fue sin lugar a dudas beneficiosa para él, la familia Albano de la Cruz le entregó cariño por alrededor de seis años, participando de la vida cotidiana junto a los hijos de Juan y Bartolina, sin diferencia alguna, uno de los cuales, Casimiro, lo acompañaría todo el proceso de independencia y sería su primer biógrafo.

ambrosio¿Fue feliz la vida de Bernardo en Talca?, no lo sabemos con certeza, todo indica que vivió recibiendo el permanente cariño de su familia adoptiva. Lo que no sabemos es si la ausencia de su madre y el desconocimiento de quien era su padre, entristecía su alma de niño.

En 1788 Bernardo dejaría su tranquila vida a orillas del río Lircay, para ser llevado, nuevamente movido por la voluntad paterna a Chillán, para ingresar al Seminario de Naturales.

Fue allí en donde nuestro Prócer recibió los primeros conocimientos escolares, adquiriendo además el dominio del mapudungun, idioma que sería una eficaz herramienta en su futuro.

El rector de la época era el sacerdote franciscano Francisco Javier Ramírez, al cual Bernardo demostró durante su vida un gran aprecio, llamándole cariñosamente en sus cartas como “Tatita”.

En septiembre de 1.790 Bernardo es alejado nuevamente de Chillán, siendo enviado por órdenes expresas de su padre a estudiar a la ciudad de Lima, permaneciendo en ella hasta 1794,  estudiando primero en el colegio del Príncipe y luego en el de San Carlos o Carolino, siendo su apoderado don Juan Ignacio Blake.

bernardo jovenPero, con casi 17 años Bernardo nuevamente se ve obligado a partir, su padre decide que debe continuar sus estudios en Europa, por lo que lo envía a España, donde es recibido en Cádiz por quien sería su tutor, don Nicolás de la Cruz, Conde del Maule, hermano de Bartolina, la esposa de Juan Albano Pereira, quienes lo habían criado en Talca.

Desde España pasaría a Inglaterra, entrando otra vez como interno a estudiar, esta vez al Colegio de don Timothy Eeles en la localidad de Richmond.

Su vida en Inglaterra estuvo marcada por tres acontecimientos, el primero de ellos fue la continuación del alejamiento de sus padres, manteniéndose solo y sin el cariño de su familia.

El segundo fue el abandono de quienes, por especial encargo de su tutor don Nicolás de la Cruz, debían entregarle los recursos económicos para que sobreviviera. Éstos eran los fabricantes de relojes Spencer y Perkins, quienes se guardaban parte importante del dinero, lo que implicó que Bernardo tuviera muchas estrecheces materiales y pobreza.

Pero hubo un tercer factor que marcó su vida en Inglaterra, al enamorarse de Carlota, la hija del señor Eeles, dueño del colegio donde estudió. Sin embargo, al verse obligado a regresar a España y luego a Chile, dejó atrás a la persona que amaba, sumando un nuevo dolor a su ya acongojada alma.

Como pueden ver, la niñez, adolescencia y juventud de Bernardo O´Higgins fue triste, nunca hasta que ya era mayor supo de una familia que lo protegiera, ni menos aún supo de la presencia de sus padres, para consolarlo y guiarlo por la vida.

Regresaría a su familia recién cuando ya tenía 21 años y a partir de ese momento, nunca más la abandonaría.

El niño llamado Bernardo supo de penas, sinsabores y tristezas desde muy pequeño, su alma conoció la lejanía, la soledad y la burla de otros niños, que se mofaban de su origen y del hecho que estuviera solo en el mundo.

Pese a todo y con un gran esfuerzo personal y superando su tristeza, fue capaz de ser un hombre de bien, el que con el paso de los años, llegaría a ser el mayor orgullo de Chile y porque no decirlo, de esa familia que lo alejó a muy tierna edad.

A los que ahora son niños, Bernardo les legó el ejemplo de respetar y querer a sus padres, de luchar y superarse siempre, pese a las dificultades de la vida, enseñándoles también que la distancia y la ausencia, no es motivo para dejar de creer en la familia y en lo que ella significa para todo ser humano.